El Instituto… ¿para qué?

10.04.2018

Lunes, ocho de la mañana. Te despiertas, te duchas, desayunas, y sales de casa con tu mochila preparada para un día más en el instituto. Pero, de repente, te paras un segundo, sin saber muy bien por qué y piensas, ¿para qué?

Todos nos hacemos muchas veces esta misma pregunta, pero es en el instituto cuando es especialmente importante. Y, es que, en esos años dedicamos más de 6 horas al día a estudiar cosas de lo más diversas, a cambio de ningún sueldo. Es normal preguntarse para qué hacer todo eso; de hecho, es la mejor pregunta que uno puede hacerse.

En realidad, esta es una pregunta muy amplia. Lo más normal es que te digas a ti mismo, "bah, qué más da, si tengo que ir sí o sí". Y sigues adelante, sin haberla respondido. Sin embargo, como es una pregunta amplia, solo se le puede dar un sentido si se contempla desde una perspectiva mayor. Por ello te invito ahora a parar un momento, y pensar en ella.

A lo largo de tu vida como estudiante, la sociedad ha puesto en juego una gran cantidad de recursos dedicados a ti. Para empezar, la cantidad innumerable de horas que te han dedicado tus padres, hermanos, abuelos, familiares... También esos días de los cuales no te acuerdas, pero que pasabas en la guardería. Después, 9 años en el colegio, en los cuales la sociedad en conjunto ha mantenido no solo el edificio donde tu estudiabas, sino los balones con los que jugabas en el recreo y, sobre todo, el tiempo y esfuerzo que te han dedicado tus profesores.

Y lo mismo pasa en el instituto. Con una excepción, esta es la última etapa. La sociedad hace una gran inversión en cada uno de nosotros, desde que nacemos, hasta que entramos en la etapa en la cual somos oficialmente adultos. Esta inversión, a la que se llama a veces hipoteca social, es, en esencia, una inversión, es decir, todo lo que la sociedad nos dedica (tiempo de padres y profesores, dinero, recursos...), lo hace solo confiando en que algún día, lo devolvamos.

El instituto es, en ese sentido, la etapa en la cual los caminos se dividen. Hasta ahora, todos habéis seguido el mismo recorrido. Sin embargo, después os dividiréis. Y, esencialmente, hay dos respuestas: la Universidad y el Mundo Laboral, bien directamente, o bien a través de Ciclos de Formación. Que no os engañen, ninguna es mejor que la otra.

Pero, ¿cómo elegir una u otra? ¿Cómo elegir una carrera o una profesión en concreto? La respuesta pasa por la vocación y. aunque esta es una palabra que en los últimos años se asocia cada vez más a eso de "haz lo que te guste", su significado es otro muy distinto. La sociedad ha puesto mucho en juego por cada uno de nosotros. Bien, la vocación es la llamada que sentimos para devolver todo esto que la sociedad nos ha dado de una forma determinada. Elegir un destino es, simplemente, responderse a la pregunta: ¿Qué papel quiero desempeñar en el mundo?

La esencia de la Universidad se entiende sólo reflexionando a partir de su origen. Por ello, recordaré ahora la fundación de la Universidad de Bolonia, una de las primeras de la Historia. Nació en una ciudad que empezaba a crecer por el floreciente comercio. En esa época, un grupo de jóvenes observaron la cantidad de problemas que había en su ciudad, y decidieron que necesitaban saber más y formarse para así poder dar soluciones a estos problemas. Y entonces buscaron profesores, maestros que conocieran con profundidad los principales ámbitos del pensamiento teórico: teólogos, filósofos, artistas, matemáticos... Y les rogaron que les enseñaran.

En resumidas cuentas, la Universidad nace y es, en esencia, ese lugar que busca dar una formación teórica para luego poder aplicarla a problemas concretos de la sociedad. Es la respuesta de aquellos que sienten que su lugar en la sociedad pasa por conocer con profundidad algo, antes de actuar. Y con esta formación, buscar su mejor aplicación a la sociedad.

La otra alternativa pasa por la aplicación directa a la sociedad. Hay muchas personas con ciertas habilidades o con vocaciones prácticas y que deben ser puestas en juego de forma directa. En ese sentido, quiero poner en especial valor los Ciclos Formativos: son una respuesta igualmente válida, pues al final están destinados a retribuir a la sociedad y a devolver esa hipoteca social que hemos adquirido.

Es innegable que existe un problema de titulitis en la sociedad actual y debemos desterrarlo. Solo podremos hacerlo poniendo en el mismo valor el saber práctico y el saber teórico. Por ello, a ti te pido que, al igual que planteábamos una pregunta muy amplia, busquemos darle respuesta con amplitud de miras, y sin prejuicios ni consideraciones previas de ningún tipo. 

En conclusión, plantearse la pregunta del "¿Para qué esto?" es fundamental. Para poder responder hay que observar todo lo que la sociedad ha puesto en juego por nosotros y ser conscientes de nuestra responsabilidad con ella, porque, en definitiva, formamos parte de ella. Asumir esta responsabilidad es el primer paso, pero la respuesta no termina ahí.

Entonces, el futuro se ve como algo incierto, en el cual hay dos caminos igualmente válidos: uno teórico, la Universidad; y otro más práctico, la inserción directa o a través de Ciclos al mundo laboral. Y la elección de un camino en concreto debe hacerse en función de una vocación, es decir, de aquella respuesta que nos damos a la pregunta por el lugar que queremos desempeñar en el futuro. Porque la sociedad en la que vivamos la construiremos en función de lo que hagamos ahora.

Pero, ¿para qué el instituto? Principalmente para poder elegir teniendo en cuenta todas las opciones. Es muy difícil elegir o valorar más un camino u otro sin conocerlos, al menos, superficialmente, y ese es el camino que estás ahora recorriendo. Te recomiendo que te abras a él sin prejuicios ni decisiones previas y que poco a poco te descubras a ti mismo observando cómo te relacionas con las distintas materias y formas de trabajar.

Existe un último matiz: da miedo. Es perfectamente normal sentir miedo ante esta enorme desproporción: ¿Qué puedo hacer yo por la sociedad? ¿Qué lugar quiero tener en el mundo? ¿Qué le debo yo a la sociedad, si yo no he pedido nada? Son preguntas muy grandes y que asustan, sin embargo, la necesidad de responderse es una necesidad vital. En el fondo, todos necesitamos respondernos a estas preguntas para poder seguir adelante. Por ello, te animo a que reflexiones sobre estos aspectos, pues es que solo cuando sabemos el destino se hace apetecible el viaje.

Jaime Redondo Yuste

(antiguo alumno)

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